Una odisea del espacio

por cian

Ikko Narahara, Where Time Has Vanished [1970-1974], Japón, 1995

Ikko Narahara, Where Time Has Vanished [1970-1974], Japón, 1995

Ikko Narahara, Where Time Has Vanished [1970-1974], Japón, 1995

Ikko Narahara, Where Time Has Vanished [1970-1974], Japón, 1995

Ikko Narahara, Where Time Has Vanished [1970-1974], Japón, 1995

Ikko Narahara, Where Time Has Vanished [1970-1974], Japón, 1995

Ikko Narahara fue protagonista de los cambios que se produjeron en la fotografía japonesa a finales de los años cincuenta. Fue cofundador de la agencia cooperativa VIVO — junto con otros fotógrafos como Kikuji Kawada, Shomei Tomatsu o Eikoh Hosoe –, una agencia que duró apenas un par de años pero cuya influencia se ha dejado sentir durante décadas. Cuando se disolvió a principios de los años sesenta Narahara se fue a Europa donde vivió entre 1962 y 1965. Poco después de su regreso publica su primer libro: ヨーロッパ・静止した時間 (Europa: donde el tiempo se ha detenido, 1967), seguido de スペーン・偉大なる午後 (España Grand Tarde, 1969) y ジャパネスク (Japanesque, 1970). Son libros experimentales y expresionistas, cargados de juegos de artificio, fotografías con grandes angulares y ojos de pez, perspectivas extrañas, forzadas, impresiones a sangre, páginas desplegables, montajes…

Entre 1970 y 1974 Narahara se va a vivir a Nueva York donde fue estudiante de Diane Arbus. Se recorre Estados Unidos de punta a punta. A su regreso a Japón publica 消滅した時間 / Where time has vanished (Donde el tiempo se ha desvanecido, 1975). Es un libro que sorprende por el cambio radical en su fotografía y en su diseño, que no puede ser más clásico: fotografías individuales en la página de la derecha, con amplio margen en blanco, y con el lugar donde fue tomada la foto en la página de la izquierda. Un libro que habrá de sostenerse en pie apoyado únicamente en la calidad de las fotografías y en su narración. El ejemplar que estamos viendo es la reedición revisada que se publicó en 1995. Narahara seleccionó las imágenes que mejor habían aguantado el paso del tiempo, eliminando cuarenta fotografías y añadiendo otras diecinueve que no habían sido incluidas en el montaje original.

El libro comienza con la foto de un coche en la noche a toda velocidad. Nos está narrando un viaje — las referencias son continuas –, que comienza en los desiertos del suroeste americano y que poco a poco se va trasladando hacia la ciudad. La figura humana aparece transitoria, tangencial, precaria, una sombra o un reflejo más que una presencia corporal, algo que puede tener su sentido al comienzo, en el desierto, pero que sorprendentemente se mantiene a lo largo de todo el libro, como si la ciudad fuera tan ajena al viaje del hombre como la naturaleza salvaje.

Las fotografías están realizadas a una distancia muy medida, y contienen el toque justo de asombro o extrañeza. No hay explicación. Son pequeños mundos cerrados entre los cuatro bordes del papel. El tiempo, efectivamente, parece haberse desvanecido. El libro funciona por acumulación: te va dejando sin habla y resulta imposible dejarlo. ¿Dónde nos llevará?

Ikko Narahara, Where Time Has Vanished [1970-1974], Japón, 1995

Ikko Narahara, Where Time Has Vanished [1970-1974], Japón, 1995

Ikko Narahara, Where Time Has Vanished [1970-1974], Japón, 1995

Ikko Narahara, Where Time Has Vanished [1970-1974], Japón, 1995

Todas las fotografías son en blanco y negro menos la última, que nos muestra el lanzamiento del Apollo 17. En la edición de 1995 Ikko Narahara incluye un pequeño texto titulado Nostalgia del universo. Cuenta la vieja idea de Arthur C. Clarke de que los seres humanos salieron reptando de los océanos hacia la tierra como parte de un viaje más grande hacia otro océano, el espacio exterior. Narahara describe sus sensaciones al observar en Cabo Kennedy el lanzamiento del Apollo 17, el último cohete tripulado hacia la luna. Y nos dice:

Pienso que los Estados Unidos era el país más apropiado para enviar hombres a la luna. Durante mi estancia en ese país lo había cruzado de norte a sur y de este a oeste cuatro veces. Lo que ví me llevó a la conclusión melancólica de que Estados Unidos era el país más próximo al espacio exterior. Mientras conducía a través de las tierras de Arizona y Utah y Nuevo México, empecé a tener alucinaciones de que no era realmente la tierra en absoluto sino que había sido lanzado sobre otro planeta. El aire limpio sin fin hacía que los perfiles de los paisajes, que parecían existir en un vacío lunar, resaltaran incluso más duramente. El misterio no estaba en algo velado sino en algo que yacía desnudo. En algunos momentos este desierto puede hacerte sentir el poder de ese ser universal que los indios americanos, que fueron los primeros habitantes de esta tierra, llaman el Gran Espíritu. Y este desierto parecía continuar incluso hasta el centro de las ciudades.

Ikko Narahara, Where Time Has Vanished [1970-1974], Japón, 1995

Ikko Narahara, Where Time Has Vanished [1970-1974], Japón, 1995

Ikko Narahara, Where Time Has Vanished [1970-1974], Japón, 1995

Ikko Narahara, Where Time Has Vanished [1970-1974], Japón, 1995

Ikko Narahara

Where Time Has Vanished [1970-1974]

editado por Creo en Tokio, Japón;

primera edición, 1995; 176 páginas; 306 × 306 mm.;

reedición revisada de 消滅した時間 / Where time has vanished (Donde el tiempo se ha desvanecido, Asahi Shimbun-Sha, Tokio, Japón, 1975;

encuadernado en cartoné forrado en papel con sobrecubierta ilustrada; diseñado por Shuhei Tsuji; impresión dirigida por Shigeki Ono;

 

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6 comentarios a “Una odisea del espacio”

  1. Increíble libro de Nakahara que nos transporta a un viaje atemporal por EEUU.
    Seis años antes había publicado; “España grand tarde fiesta vaya con Dios”, que esperemos que se reedite algún día y al año siguiente “Japanesque”, cuyos capítulos son Zen, No, Sumo, Katana, Shiro. Es impresionante la capacidad para absorber y representar culturas tan diferentes. Me parece un gran fotógrafo que no ha tenido el reconocimiento que se merece en este país.

  2. Pero, ¿hay más fotógrafos japoneses aparte de Araki y Moriyama?

  3. Perdón por el cinismo, es que tengo el día tonto…

  4. si… ya veo.
    Lo de los fotógrafos japoneses va por modas, vienen como en rachas.
    Ahora han aparecido en escena Rinko kawauchi, Kohei Yushiuku y Syoin Kajii.
    Hace poco eran Kikai Hiroh (libro publicado por la fábrica) Shoji Ueda y Eiko Hosoe (últimos PHE). También Araky y Moriyama.
    Pero hace 10 años eran Suguimoto y Yamanaka Manabu (PHE02)
    Un poco más atrás Shinoyama Kinshin y Seiichi Furuya.
    etc
    Los fotógrafos japoneses no se entienden bien, de pronto alcanzan cierto nombre y algún comisario los traen a España, pero no tienen el calado de los fotógrafos europeos o americanos. ¿Por qué? la respuesta no es fácil, la gente lee fotografías japonesas con ojos europeos y así no hay forma de que se entienda en su totalidad, nos quedamos solo en la forma, pero las fotografías japonesas también tiene fondo y para poderlas entende en su totalidad hay que verlas con ojos japoneses (entender su cultura, su historia, su percepción, etc). No es lo mismo leer en castellano que en español, las fotografías tampoco. Sin embargo, aveces, si que nos llega, si que nos gusta sin poder explicar bien por qué.
    Por no hablar de libros japoneses…

  5. …”no es lo mismo leer en castellano que en japones”
    perdón

  6. I don’t speak spanish fluently, but enough to understand what you said about Narahara. Thanks!

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