El enigma

Piero-della-Francesca--la-ciudad-ideal

De ahí empezó mi trabajo, que después ha evolucionado en diversas líneas y el recorrido ha sido muy simple. Principalmente se ha desarrollado en exposiciones, colaboraciones en investigaciones sobre el territorio, sobre el paisaje en relación al entorno. Era una investigación organizada, en aquel periodo muy común, que muchos definían como “fotografía de autor”. El término puede ser expresivo, subraya el hecho de que el fotógrafo actúa como una persona portadora de su competencia, de su profesionalidad y de un bagaje cultural suficientemente rico para poder dar la respuesta necesaria, en términos de imagen, respecto al mundo exterior. Pero significa también otra cosa, algo extremadamente negativo y peligroso: “fotografía de autor” significaba que frente al mundo, a la realidad – retrato, naturaleza muerta, cualquier objeto o paisaje que se presente ante los ojos – el fotógrafo se dispone de una forma altamente codificada. Tenía una especie de marca personal, un modo de ver que fijaba sobre el mundo externo transformándolo y reconduciéndolo al interior de sus propias coordenadas estéticas.

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El hombrecillo en el filo del barranco

Desde niño las fotos que más me gustaban eran las de paisaje, que encontraba intercaladas con los mapas geográficos en los Atlas.  Me fascinaban especialmente aquellas fotografías donde, sin falta, inmóvil, aparecía un hombre pequeño amenazado por las cataratas del Niagara, por montes, rocas, árboles altísimos y palmeras grandiosas, o sobre el filo de un barranco.

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