Contra toda esperanza

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Enrique Doza Romero, Buio Totale, autoeditado, 2015

Fanzine publicado a modo de homenaje al creador del futurismo, Filippo Marinetti, Enrique Doza Romero despliega una serie de imágenes de paisajes en blanco y negro, impresas sobre papel negro, con el resultado de una oscuridad total, buio totale en italiano, en inevitable conexión con los camisas negras surgidos del fascismo italiano en que terminó desembocando el movimiento futurista.

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Empatía

20151230_133143Cemre Yesil, Maria Sturm, For Birds’ Sake, La Fábrica, 2016

Cuando uno se acostumbra a libreras que tratan cada ejemplar de su tienda con cariño y dedicación, salir de esa burbuja de bienestar se convierte en toda una lotería en el peor de los sentidos: puede que encuentres algo ahí fuera, pero lo más seguro es que pierdas el tiempo y las ganas de volver a salir.

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Daido Moriyama vs. Ouka Leele

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Hace un par de días ha tenido lugar en Madrid la primera partida de cartas entre Daido Moriyama y Ouka Leele. Daido competía con Kagero & Colors Nude Trump frente a Peluquería de Ouka Lele (sic). Tras una reñida competición y por un margen muy ajustado se impuso la fotógrafa española. Daido se quejó de tener que jugar en Madrid y propuso una revancha en Tokio que esperamos poder retransmitir en directo próximamente.

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Listen Darling

Shigekazu Kawamura, Osaka, Japan, 1978Shigekazu Kawamura, Osaka, Self-published, Japan, 1978

Regular readers of this space will have noticed our special love for Japanese photobooks. But I have to confess that there is a slight problem: unlike my friend Amarillo, I don’t speak the language, and the little I know of Japanese culture comes from an unhealthy attachment to the yakuza films of Takeshi Kitano. If I don’t speak the language and don’t fully understand the culture, all that’s left for me when facing a Japanese photobook is to look at it the way I listen to a foreign language song, tapping my feet and bobbing my head to the rhythm hoping not to make too much of a fool of myself.

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La belleza es una magia frustrada

El paso del ídolo a la obra de arte es paralelo al paso del manuscrito a la imprenta, entre los siglos xv y xvi. El íconoclasmo calvinista se desarrolla siguiendo las huellas de Gutenberg y representa la segunda Disputa de las Imágenes del Occidente cristiano. Dirigida a la sola scriptura, es decir, al todo simbólico, por la propagación del libro, la Reforma denuncia las perversiones mágicas o indiciales de la imaginería cristiana (que alcanza en el área germánica, con las estatuas de madera pintada, un grado de ilusionismo asombroso, a principios del siglo XVI). Hay que adorar a Dios, no a su imagen, recalca Lutero, retomando el hito de Tertuliano que acusaba a los paganos de «tomar las piedras por dioses». Erasmo ya había condenado la idolatría pagana oculta en el arte de la Iglesia; y el secretario de Carlos V, Alfonso de Valdés, católico por excelencia, reconocía que el culto de las imágenes de los santos y de la Virgen «desvía de Jesucristo el amor que deberíamos dedicar a Él solo». La Contrarreforma hace que vuelva la imagen, la multiplica, la hincha (con lo que a la postre el protestantismo refuerza aquello que quería debilitar), pero volviendo a un régimen menos peligroso, con un funcionamiento representativo y ya no carismático o catártico de lo visible. Del icono al cuadro, la imagen cambia de signo. De aparición pasa a ser apariencia. De sujeto se convierte en sólo objeto. El reequipamiento visual del mundo católico después del Concilio de Trento se hace con más imágenes pero una menor imagen que antes, como si la Reforma hubiera conseguido al menos esa disminutio capitis. La evidente ganancia de poder por parte del artista como individuo que marca ostensiblemente la entrada en la era del arte —por ejemplo, después del «divino Miguel Ángel», el ennoblecimiento de Tiziano por Carlos V— tiene como reverso una bajada de poder ontológico, una caída en presencia real de sus creaciones. La belleza es una magia frustrada, o rechazada. Como el museo es el receptáculo de las creencias degradables de la cultura, el arte es lo que queda al creyente cuando sus imágenes santas ya no pueden salvarle.

— Regis Debray, Vida y muerte de la imagen. Historia de la mirada en Occidente.

La bella y la bestia

Masahisa Fukase, Slaughter, Super Labo, Japón, 2015

Masahisa Fukase, Slaughter, SUPER LABO, Japón, 2015

[Lo siguiente es un extracto de una conversación por correo electrónico]

Amarillo: El libro de Fukase ya está todo vendido. Aunque después de enterarme que Yoko metió mano en la selección de fotos, le quita un poco el encanto, es más light. En el primer libro de Fukase, las fotos que aparecen del matadero están entremezcladas con fotos de los animales… y esto se ha perdido.

Cian: Lo que dices del libro de Fukase tiene mucho sentido. Es verdad que le falta esa oscuridad y esa mala leche del principio. A mí me gusta mucho Homo Ludens. Por cierto, las fotos del matadero, ¿eran para una revista? ¿se publicaron como tales?

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La tiranía de lo cuantificable

Mi tarea estos últimos veinte años o así de vivir por las palabras ha sido la de encontrar o construir un lenguaje para describir las sutilezas, los incalculables, los placeres y los significados — imposibles de categorizar — que se encuentran en el corazón de las cosas. Mi amigo Chip Ward habla de “la tiranía de lo cuantificable”, de la forma en la que lo que puede ser medido toma precedencia sobre lo que no puede serlo: el beneficio privado sobre el bien común; la velocidad y eficiencia sobre el disfrute y la calidad; lo utilitario sobre los misterios y significados más útiles para nuestra supervivencia, y más allá de nuestra supervivencia, para unas vidas que tienen un propósito y un valor que sobrevive más allá de nosotros mismos y hacen que una civilización merezca la pena.

La tiranía de lo cuantificable es en parte la incapacidad del lenguaje y del discurso para describir fenómenos más complejos, sutiles y fluidos, así como la incapacidad de aquellos que forman opiniones y toman decisiones para entender y valorar estas cosas más resbaladizas. Es difícil, a veces imposible, valorar lo que no se puede nombrar o describir, por eso la tarea de nombrar y describir es esencial para cualquier revuelta contra el statu quo del capitalismo y el consumismo. En última instancia, la destrucción de la tierra es debida en parte, quizás en gran parte, a un fracaso de la imaginación, o a que es eclipsada por sistemas de contabilidad que no pueden contar lo que importa. La revuelta contra esta destrucción es una revuelta de la imaginación, a favor de sutilezas, de placeres que el dinero no puede comprar ni las corporaciones controlar, de ser productores en lugar de consumidores de conocimiento, de lo lento, lo disperso, la digresión, la exploración, lo numinoso, lo inseguro.

— Rebecca Solnit, Woolf’s Darkness: Embracing the Inexplicable
New Yorker, 24 de Abril de 2014
(Adaptado de su libro Men Explain Things to Me, publicado por Haymarket Books en 2014)